Año 20XX

Año 20XX: Se declara la independencia de Euskadi.

Año 20XX + 1: El gobierno de la grande y libre euskal herria constituye el Ministerio para la Seguridad del Estado. Exbatasunos y etarras se reconvierten en agentes del ministerio, junto con algunos miembros del PNV, EA,.... Se prohíben las radios y televisiones privadas.

Año 20XX + 10: El gobierno de la grande y libre euskal herria comienza la construcción de un muro alegando ser un muro antifascista que proteja a los vascos de influencias externas. En posteriores años el muro es ampliado hasta convertirse en una franja de varias decenas de metros compuestos por dobles muros, alambradas, erizos checos, sensores de movimiento, torres de vigilancia, campos minados y guardias con orden de tirar a matar que asegure que los ciudadanos no escapen del paraíso vasquista.

Normalización linguistica

Siempre me he preguntado el porque a lo largo de la historia una serie de iluminados se han creído superiores al resto de los individuos y se han situado moralmente por encima del resto decidiendo que ciertas características de los demás sujetos son "anormales". Que esos sujetos hablen de normalidad implica que consideran que la situación, en el momento de afirmarlo, de un algo es anormal.

Pero tales "anormalidades" no existen, como tampoco existen las "normalidades". Podrá gustarles o no algo, eso es todo, no por ello es anormal. No es más que una opinión, tal válida como cualquier otra.

No sois más que los demás, y no sois quienes para señalar con un dedo a otros y decirles que es lo que tienen que hacer para que vosotros los consideréis "normales".

La historia está llena de casos de iluminados que en un momento dado decidieron que otros individuos no eran normales, con nefastas consecuencias.



Los contenidos culturales (como las religiones y las lenguas) están en los cerebros de los individuos, no en las abstracciones estadísticas que son los grupos sociales ni en las geologías descerebradas que son los territorios. Por eso la única autonomía cultural real es la de los individuos, no la de las colectividades o los territorios. La única normalidad compatible con la libertad y la racionalidad es aquella situación en la cual cada ciudadano decide por sí mismo los contenidos culturales que prefiere, y el Estado se limita a tomar nota de ello, sin pretender manipular los cerebros mediante política cultural, religiosa o lingüística alguna. (Fuente)

Economía a lo claro: El derroche de las TV autonómicas y locales

Economía a lo claro: El derroche de las TV autonómicas y locales:

Con las autonomías, en los ochenta llegaron las primeras TV regionales (la vasca ETB en 1982, la catalana TV-3 en 1983, Tele Madrid y la andaluza Canal Sur en 1989), que no han parado de aumentar (las últimas, en 2005, Canal Extremadura y la balear IB3). Hoy, 13 autonomías tienen TV propia, con 34 canales en total, más las correspondientes radios autonómicas. Y las cuatro autonomías sin TV institucional (Cantabria, Castilla y León, Navarra y La Rioja) subvencionan programas de TV privadas.
En 2010, el presupuesto de estas 13 TV autonómicas ascendió a 1.860 millones de euros, de los que la publicidad sólo cubre el 15%. El resto son subvenciones (813 millones) y pérdidas (775 millones), que acaban saliendo del presupuesto autonómico, del bolsillo de los ciudadanos. En 2009, las televisiones autonómicas costaban una media de 110 euros por hogar, según un estudio de Deloitte. Las más caras eran las TV de Baleares (219 euros por familia), Euskadi (191 €), Aragón (145€), Andalucía (121 €) y C. Valenciana (117 €).El problema es que tienen un alto coste, están sobredimensionadas de personal (10.000 personas, cuatro veces la plantilla de las TV privadas) y tienen poca publicidad (les ha caído un 39% desde 2006) por su baja audiencia, que además está cayendo con la TDT: sólo superan el 10% de share TV-3 (14,8%), Canal Sur(12,7%) y la TV de Galicia(12,3%). En consecuencia, viven de las subvenciones y acumulando unas pérdidas de 1.480 millones de euros.
En paralelo, unas 100 grandes ciudades españolas mantienen TV municipales, con más de 100 millones de presupuesto, en su mayoría con cargo a los Ayuntamientos, que cubren sus pérdidas. La mayoría están en Andalucía (más de 30 TV municipales, destacando Giralda TV en Sevilla, con 4 millones de presupuesto, Málaga o Cádiz con más de 2 y Jerez con 1,3 millones) y en Cataluña (con más de 18 TV municipales, la principal la barcelonesa BTV, con 18 millones de presupuesto y 1,6 millones de deuda). Son TV con más de 600 trabajadores, elevados costes y una escasa audiencia (1,3% para todas las locales, incluyendo privadas) y con una publicidad que cayó un 40% en 2010.
Ante este panorama, la receta de las TV privadas es la misma que se aplicó a RTVE: quitarlas la publicidad y financiarlas con el presupuesto autonómico/ municipal o con un canon. Una mala solución a la vista de lo que ha pasado con RTVE: ha tenido que prejubilar a 4.000 empleados, ha recortado costes y aun así ha cerrado 2010 con un déficit de 47,1 millones porque no ha funcionado el sistema de financiación aprobado: las operadoras de telecomunicaciones y las TV privadas (junto a la tasa radioeléctrica) han aportado 142 millones menos de los previstos. Y además, una parte de estos ingresos están recurridos por Bruselas ante el Tribunal de Luxemburgo, con lo que el próximo Gobierno se puede encontrar con que ha de buscar otra vez como financiar a RTVE o hacer más recortes. Eso sí, los 500 millones de euros que facturaba RTVE por publicidad (que ahora se cubren con una subvención del Presupuesto de 579 millones) se los han repartido entre Telecinco (200 millones) y Antena 3 (104 millones), dos cadenas que han disparado sus beneficios en 2010 (+ 79,6 T5 y + 45,6% A3), gracias al desmantelamiento financiero de RTVE, un logro más en el balance de ZP.
Ahora, no debería repetirse este error estratégico (¿intencionado?) con las TV autonómicas y municipales. Está claro que algo hay que hacer, porque no es de recibo que Cataluña, por ejemplo, tenga un presupuesto de 481 millones para su RTV autonómica y tenga que cerrar los quirófanos por la tarde o tener los institutos a media luz por su agujero presupuestario. O que un Ayuntamiento se gaste más en RTV que en servicios sociales. Son televisiones caras, poco independientes y muy politizadas, y con una programación discutible, más comercial que de servicio público, que puja por programas como la Fórmula 1 (Canal Nou) o la Champions (TV-3 o Canal Extremadura). El PP dice en esta campaña electoral que quiere cerrarlas o privatizarlas, pero está por ver que lo hagan, ya que son “un juguete” muy tentador. Otra opción (peligrosa) es externalizar los servicios, en manos de productoras de “amiguetes”. Pero algo hay que hacer tras el 22-M: sanearlas, dimensionarlas, hacer una programación sensata y centrada en la región o la ciudad. Y buscar un modelo de financiación realista y estable. Si no, la pelota de las pérdidas las abocará a la subasta o al cierre.

Crisis económica, clientelismo político, gasto público y confusión ciudadana.

El poco edificante espectáculo vivido durante estas últimas semanas de acusaciones mutuas sobre dispendios autonómicos, eventuales quiebras del sistema, facturas ocultas en cajones y maquillajes contables, nos obliga a considerar por enésima vez la discutible sensatez y falta de responsabilidad de nuestros representantes públicos, en un momento donde la imagen del país sigue en entredicho.

Nadie parece recoger el mensaje de desafección ciudadana y descontento juvenil lanzados desde el 15-M; la consecución y la permanencia en el poder siguen siendo los motivadores primarios de una oligarquía política instalada en un sistema esencialmente clientelista, que como muy bien apunta Buttonwood en un reciente artículo de The Economist ("Dividing the spoils"), ha quedado desmantelado por la austeridad y desapalancamiento derivados de la crisis financiera.

En efecto, en una época de muy serias restricciones, ya no quedan recursos públicos con los que negociar el favor de los votantes, tanto por aquellos políticos orientados hacia posiciones de izquierda (mediante subvenciones sindicales y subsidios de todo pelaje) como de derecha (a través del recorte de impuestos y del incremento del bienestar corporativo). En consecuencia, las lealtades políticas acaban por difuminarse; aparecen nuevos partidos y movimientos ciudadanos que canalizan el descontento general, algunos de ellos con mensajes populistas, confusos o directamente extremistas.

En este contexto, surge la tentación demagógica de prometer el oro y el moro, culpar de todo al vecino, echar balones fuera y afirmar que podemos superar las actuales circunstancias sin recortes drásticos en el gasto público, sin exigencias impositivas y sin reformas ambiciosas de las costosas estructuras y privilegios institucionales, auténtico Talón de Aquiles de nuestro sistema.

El problema aparece cuando aquellos que ofrecían sus rutilantes soluciones salvadoras acceden al poder, se encuentran con la cruda realidad socioeconómica y se ven obligados a romper sus promesas. El resultado, y coincido con Buttonwood, "conlleva sólo un mayor cinismo del votante y un mayor apoyo a los extremismos".

Es necesario, por tanto, construir una visión superior, estratégica, que con vocación de verdadero servicio público, dibuje las líneas maestras que permitan el retorno de nuestro país a una senda de viabilidad ética, económica y social. Una misión en la que todos los ciudadanos estamos implicados, sin distinción de origen u ocupación.

Fuente


El ICO financiará la mitad de la deuda de las CC AA con el Estado

Para solventar la deuda de las taifas con el estado, las mentes pensantes de las taifas se les ha ocurrido un maravilloso plan por el que el estado dará dinero a las taifas para que estas a su vez se lo den al estado. Dicho de otra forma, en realidad no solucionan nada. Solamente "evitan" que se les desmorone el tinglado que han montado los políticos para colocar amiguetes; y para evitar un debate sobre la reorganización y racionalización estructural de la administración.

¿Y que pasa con la deuda del resto de las tropecientas administraciones? ¿Y que pasa de la deuda de las diferentes administraciones con el sector privado?

Y otros listitos de algunas administraciones pensándose si devolver competencias a otras administraciones. ¡Que bien!, más competencias si es para colocar a los amiguetes y pedir dinero al estado, pero ahora que no hay dinero a deshacerse del marrón, ¿Verdad? Os comportáis como adolescentes.

Y todo esto porque las administraciones que se hacen cargo de una competencia, no se hacen cargo de sufragar el coste de esa competencia. No tendríamos este berenjenal si desde hace 30 años: "¿Quieres la competencia X? Pues toma. Pero también te haces responsable del 100% del coste, personal y edificios. A mi no me pidas dinero ni recursos, te buscas la vida." Mientras las administraciones gasten sin control y no sean responsables de recaudar impuestos no vamos a salir del atolladero.