domingo, 16 de marzo de 2014

Era se una vez... un país llamado España

Era se una vez un país cuya población decidió que endeudarse era lo inteligente, e interiorizó, como en el 29 en EEUU, el mantra de que los precios de las viviendas nunca dejarían de subir. Endeudarse alegremente molaba, y aquellos que optaban por ser hormiguitas eran oficialmente gilipollas. Y durante 20 años pidieron créditos para todo, hasta para comprar una televisión o irse de vacaciones al caribe, destinando hasta el último euro ingresado para pagar créditos, ¡Había que ser gilipollas para no hacerlo!. Muchos de los que pidieron créditos para la compra de una vivienda, ¡pusieron la casa de sus padres como aval!.

La clase política viendo que a la población le gustaba la deuda, iniciaron obras faraónicas. Todos los políticos querían poner su nombre a una obra faraónica, además se cortar cintas, muchos intentando emular el efecto Guggenheim. Así se iniciaron muchísimas obras faraónicas sin saber que uso se les daría (p. e. la ciudad de la cultura de Galicia) o sin hacer estudios de viabilidad previos (p. e. aeropuertos peatonales). Las obras faraónicas se financiaban mediante préstamos de cajas de ahorros, que a su vez eran controladas por esos mismos políticos, y que a su vez por el oscurantismo fomentaba los sobres con billetes Bin Laden.

Las entidades bancarias prestaban dinero a raudales, sin hacer muchas preguntas, incluso a insolventes. Concedían créditos del 120% sobre el precio de la vivienda (precio tasado por el propia entidad bancaria), lo que daba, además de para comprar la vivienda, para amueblarla, comprarse un coche e irse de vacaciones.

Y el gozo era mucho................ pero una crisis mundial llegó, la burbuja inmobiliaria pinchó, y los tipos de interés subieron.

De la noche a la mañana los ingresos del estado, procedentes en gran parte de la burbuja inmobiliaria, cayeron en picado: Ya nadie quería construir viviendas, ni se necesitaban licencias ni recalificaciones. Grandes constructoras y la mayoría de las inmobiliarias desaparecieron que hasta el momento habían crecido como champiñones, y los que antaño recibían sobres se mosquearon. Los ayuntamientos, que se habían estado financiando de la burbuja, quebraron y no pudieron seguir pagando la factura del alumbrado público. Pero las obras faraónicas había que pagarlas igualmente. Así unas obras faraónicas se detuvieron a medio hacer, y otras las sacaron a subasta a precio de saldo, descubriendo que nadie quería pagar por ellas.

Muchos al paro se fueron, y las hipotecas dejaron de poder pagar. Las entidades bancarias los avales ejecutaron, y sus padres bajo el puente se quedaron. Muchos protestaron, consideraban inaceptable que las entidades bancarias ejecutaran los avales que habían firmado, y que sus padres se quedaran sin la casa que ya habían pagado. Los que pudieron seguir pagando las hipotecas, se encontraron que estaban pagando una hipoteca por una vivienda que ya no tiene el valor tasado. Y no podían venderla, porque perderían dinero. A otros, la hipoteca les fue ejecutada, sin piso se quedaron, pero con parte de la hipoteca pendiente de pagar al banco. Otros se quedaron en el paro y teniendo que pagar el crédito de las vacaciones del año pasado, y sin un solo euro en la cartera para poder enfrentar la nueva situación. El número de viviendas en alquiler empezó a aumentar.

Entre ejecuciones hipotecarias y las promociones íntegras entregadas por las constructoras a las entidades bancarias para saldar deudas, en cuestión de meses las entidades bancarias se convirtieron en las mayores inmobiliarias del país. Las entidades que antes repartían créditos sin hacer preguntas, se encontraron con un inmnenso stock de viviendas en cartera que cada día perdía valor y de difícil colocación. Así que decidieron conceder hipotecas sobre el 100% solo a las viviendas de su stock, a la vez de cerrar el grifo a préstamos, provocando el cierre de muchas empresas viables. Fondos internacionales aparecen en escena, y las entidades encantadas deshacerse del stock vendiendo lotes de viviendas a esos fondos.

Las cajas de ahorros entraron en quiebra generalizada dejando agujeros de miles de millones de euros (entre prestamos hipotecarios, créditos, obras faraónicas, corrupciones,...), y el sector se reorganizó mediante fusiones frías. En poco tiempo la mayoría de las cajas de ahorros, muchas centenarias, habían desaparecido. El estado intervino nacionalizando algunas cajas de ahorros, las más grandes, para evitar que el problema a mayores fuera, aunque fuera con dinero prestado por el BCE y con respaldo de la deuda pública española.

Había menos dinero a repartir entre la misma inflada casta política y sus clientelas, ninguno de ellos quería dejar de comer canapés. Pero ya nada sería igual. Ya no había dinero para todos, así empezó el sálvese quien pueda como en el Titanic, y en masa los casos de corrupción salieron a flote, otros prefirieron la huida hacía adelante (p. e. Arturo Mas), o, para pretender mostrar su "utilidad" a la sociedad, presentándose 14 políticos a inaugurar una pequeña rotonda.

Por el otro lado, la UE demostró estar bastante poco unida, y más que a una unión se parece a un estado autonómico continental. Al igual que las discusión sobre la deuda de los estados de los EEUU tras su independencia, en la UE muchos sostiene que la deuda de los estados es problema de los estados y no de la unión (Merkel). Otros, emulando a Hamilton, creen que la única solución es que la UE se haga cargo de la deuda de los estados y la creación de un gobierno económico federal. Pero por otro lado los primeros saben que si caen economías como Italia o España, el resto de la UE va detrás, así que realizan encajes de bolillos e imponen reglas a los deudores sin que cueste mucho a los contribuyentes alemanes. Al fin y al cabo quien pone el dinero es quien manda. Una relación de amor-odio: No es justo que las hormigas paguen la fiesta de las cigalas, pero si no les apoyamos, nos pueden arrastrar cuesta abajo. Por otro lado el euro, por su concepción inacabada, está en peligro. Pero aunque nadie quiere dar pasos, todos saben que fuera de la UE hace mucho frío.

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