domingo, 2 de febrero de 2014

Nuevas balanzas fiscales

¡Ya están aquí! ¡Las nuevas balanzas fiscales resolverán todo el problema!

Lo siento pero no, no solucionaran el problema, quizás introduzcan un poco más de claridad, pero eso es todo.

Si fuéramos otro país, la constitución delimitaría las competencias que corresponden de forma exclusiva a las autonomías, a las diputaciones, a los municipios y al estado nacional, y cuales son compartidas. En España no disponemos de nada de esto. El problema de fondo es el sistema competencial completamente difuso que tenemos. Y si partimos de un sistema difuso, es difícil hacer cálculos objetivos y establecer un sistema impositivo y fiscal racional y equilibrado.

Un sistema difuso es intrinsecamente obscurantista, lo que permite que los políticos desinformar y azuzar a las masas entre regiones. Al fin y al cabo, su argumentos no son demostrables ni rebatibles mediante evidencias. Y es que a ningún político le gusta la transparencia (no al menos al mediocre, que son la mayoría de los políticos españoles), prefieren el obscurantismo, porque va en su beneficio.

¿Por qué no voy a enchufar a toda mi familia? ¿Por qué no voy a gastar el dinero en obras faraónicas? ¿Por qué no voy a convertir mi administración en un clon de un estado con su tribunal supremo, televisión pública, parlamento, consejerías, consejos consultivos, defensores del pueblo,...? Si el dinero no llega para hacer frente a los gastos, puedo acusar a otro gobierno frente a la opinión acusándoles de ser responsables por no darnos suficiente dinero. Así que llegamos al segundo problema: Un sistema obscurantista fomenta la corrupción y el derroche, o si lo prefieren, un sistema obscurantista es intrínsecamente corrupto y derrochador.

En el mismo momento que alguien señale públicamente estas deficiencias, esos mismos políticos responderán airadamente apelando a las "singularidades" (*) o "las lenguas" (**), apelando en definitiva a los sentimientos más básicos de los ciudadanos que viven en la región que "administran", o incluso llegando a argumentar sin ningún tipo de descaro que esa persona es un franquista y que hace esas críticas porque quiere volver al sistema centralista que tanto añora. Es comprensible esa reacción airara e inmobilista: No van a renunciar a este estado hipertrofiado y elefantiásico, no van a renunciar por las buenas a su trocito de pastel. Solo admiten las reformas si es para que el trocito de pastel sea un poco mayor, aunque esto obligue a asfixiar un poco más a los ciudadanos. La película autonosuyas ha resultado ser profética, y no la pueden acusar de querer volver al centralismo, porque se rodó cuando aún no se habían desarrollado las autonomías.

(*) En lo que hoy los humanos denominamos como "España", han existido desde hace millones de años 17 singularidades, ni una mas y ni una menos, y no ha sido hasta 1978 en que no nos hemos percibido esta realidad. (entiéndase el sarcasmo).

(**)  Este argumento para justificar las autonomías carece de fundamento. En este aspecto sería suficiente introducir un mandato constitucional por el que el estado tenga la obligación de elaborar un mapa lingüístico de España por municipios, y que el estado garantice la educación en los idiomas que superen un determinado porcentaje de uso en los colegios situados en esos municipios si así lo desean los ciudadanos. El problema de este planteamiento es que los políticos ya no podrían usar las lenguas como arma, ni presentar el asunto como una cuestión de opresores-oprimidos.

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