sábado, 18 de febrero de 2012

Reforma laboral

La nueva reforma laboral vuelve a girar sobre el mismo pilar: El coste de despido. El argumento: Cuanto más barato sea el despido de un empleado, más empleo se creará. Si fuera así, bastaría con que el coste fuera cero, o que el empleado tuviera que pagar a la empresa al ser despedido, para que tuviéramos pleno empleo.

La realidad es bien distinta. Pregúntenle a los comerciantes de su barrio el motivo por el cual no contratan más personal para su comercio. La respuesta que le darán será que no necesita más empleados.

Se ha vuelto ha hablar de vincular sueldos con productividad, insinuando que esta depende exclusivamente del trabajador, y la dirección de una empresa no tiene ninguna responsabilidad. La realidad es que el trabajador poca o ninguna capacidad tiene para mejorar su productividad, y para visualizarlo pongamos un ejemplo: Los mecánicos que trabajan en un taller disponen de atornilladoras neumáticas. En esa misma calle en otro taller, los mecánicos solamente disponen de llaves de tubo. Según la vinculación de sueldos con productividad, los mecánicos del segundo taller tendrían que cobrar un sueldo mucho menor que los mecánicos del primer taller, pese que la decisión de no instalar atornilladoras neumáticas ha sido una decisión de la empresa y no de los mecánicos. Un mecánico del segundo taller se va a trabajar al primero y, nuevamente según esta vinculación, pasaría a ganar más dinero sin haber cambiado sus hábitos de trabajo.

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