jueves, 18 de agosto de 2011

¿La musa italiana de Europa?

Emma Bonino & Marco de Andreis

El contagio del euro desatado por la crisis de deuda soberana de Grecia ahora ha infectado a Italia. El gobierno de Silvio Berlusconi, junto con una oposición consciente en términos fiscales, logró asegurar -en apenas unos días- la aprobación parlamentaria de un paquete de medidas por un valor superior a 50.000 millones de euros, para restaurar la confianza del mercado en la solidez de los fundamentos económicos de Italia.

A falta de un compromiso sólido y creíble en toda la UE destinado a frenar el contagio, otros países de la eurozona afectados por la crisis de deuda soberana han seguido un guión similar. Pero el financista George Soros tiene razón: Europa necesita un "Plan B". La gigantesca crisis que hoy afecta a la eurozona y a la Unión Europea no debe desperdiciarse. Se la debe utilizar para hacer que Europa avance más en el camino de la integración, para impedir que la Unión empiece a revertir el curso.

Cuando se creó el euro, sus arquitectos eran bien conscientes de que ninguna unión monetaria en la historia había tenido éxito sin el respaldo de una unión política. Las esperanzas, de todos modos, estaban cifradas en la existencia de un mercado grande a nivel europeo y el compromiso de los estados miembro de la eurozona de mantener bajo control los déficits fiscales, la deuda pública y la inflación. Pero varios miembros de la eurozona no cumplieron con su palabra y la crisis que afecta su deuda soberana hoy hace peligrar la supervivencia de la eurozona en su totalidad.

Dado que la coordinación entre los estados soberanos simplemente no funcionó, sólo quedan dos posibilidades. Una opción es que los miembros de la eurozona sigan siendo soberanos y quieran recuperar sus poderes monetarios, lo cual implica no sólo la muerte del euro, sino también una amenaza para el mercado interno y para la existencia misma de la UE. La otra opción es ceder más soberanía a la UE, lo que implica no sólo la supervivencia del euro, sino también, y tal vez más importante, el nacimiento de la unión política de Europa.

Esta opción cada vez resulta más clara. Tanto Jean Claude Trichet, el presidente del BCE, como Jacques Attali, el presidente fundador del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, han reclamado abiertamente la creación de un Ministerio Europeo de Finanzas. El Fondo Monetario Internacional, gélidamente tecnocrático y apolítico, en su último informe sobre la eurozona llega al punto de mencionar "una unión política y una distribución del riesgo fiscal ex ante" como condiciones para que funcione cualquier unión monetaria.

Sin embargo, son pocos los que consideraron cómo podría ser una Europa políticamente unida. La mayoría, de hecho, supone implícitamente una transferencia masiva de casi todas las funciones de gobierno de los estados miembro al centro federal, y en consecuencia la creación de un "superestado europeo".

Nosotros creemos, en cambio, que una "Federación Ligera", con un presupuesto limitado a aproximadamente el 5% del PBI de Europa (comparado con casi la mitad del PBI en la mayoría de los países miembro de la UE), permitiría una unión política realista. Estos recursos, 600.000-700.000 millones de euros, remplazarían y no agrandarían los presupuestos nacionales, ya que acompañarían la transferencia de algunas funciones de gobierno. En algunos casos, esto también permitiría que las economías mejoren.

Por cierto, consideremos la defensa. Un único ejército permanente de la UE en lugar de las fuerzas armadas nacionales ampliamente irrelevantes e ineficientes de Europa, con un presupuesto de aproximadamente el 1% del PBI de la UE -unos 130.000 millones de euros- instantáneamente se convertiría en la segunda fuerza militar más importante del mundo, después de Estados Unidos, en términos de recursos y, es de esperarse, de capacidades. Suponiendo una tasa fija de aportes nacionales al presupuesto federal, Grecia, por ejemplo, se desharía de 2-3 puntos porcentuales preciosos de su déficit público.

Además de la defensa y la seguridad, tendría sentido llevar otras competencias al nivel federal. Los principales candidatos son la diplomacia y la política exterior (inclusive la ayuda humanitaria y para el desarrollo), la inmigración, el control fronterizo, algunos proyectos infraestructurales con efectos de red a nivel de toda Europa, una investigación de gran escala y proyectos de desarrollo, y una redistribución regional.

Estas funciones de gobierno, y un presupuesto federal de esta magnitud, obviamente requerirían el equivalente de un ministro de Finanzas. Bien valdría la pena: una masa crítica de 600.000-700.000 millones de euros haría posible la estabilización macroeconómica y la redistribución cuando fuera necesario, sin el establecimiento de mecanismos ad hoc o, peor aún, la publicidad y la atención en torno de cubre tras cumbre a la que se convoca para decidir el próximo paquete de ayuda para los países que atraviesan dificultades financieras.

El término "unión de transferencia" hoy se utiliza, especialmente en Alemania, como un sinónimo peyorativo de federación. Coincidimos en que trasladar recursos de un lugar a otro no puede ser la razón de ser de una entidad política. Esa razón de ser sólo pueden ser funciones gubernamentales específicas. Pero cuando algunas de estas funciones están asignadas a un nivel federal de gobierno, existe la herramienta adicional de poder transferir recursos para pagar esas tareas. Cuando esto es necesario, los estados que experimentan un auge deberían ser gravados más que aquellos que experimentan una crisis.

Esta redistribución es pura rutina en cualquier federación, empezando por Estados Unidos, y el público le presta poca atención, o ninguna. El gobierno y el pueblo de Nueva York no protestan porque Mississippi recibe una porción mucho mayor del presupuesto federal, en relación a lo que aporta, que los neoyorquinos.

A pesar de los problemas de hoy, la eurozona no sólo es más rica, sino también económicamente más sólida, que la mayoría del resto de los países y regiones. La principal amenaza para el euro es precisamente la falta de un módico de unidad política de la eurozona -una Federación Ligera que haga posible, y hasta automática, la solidaridad cuando sea necesaria.

En este sentido, la perspectiva amenazadora de una crisis de deuda italiana con todas las letras podría resultar beneficial al concentrar las mentes europeas. No es necesario incluir las palabras e pluribus unum en los billetes y las monedas del euro para reconocer que el principio que representan -la unificación política de Europa, no menos que la de Estados Unidos- es indispensable para la supervivencia del euro.

Emma Bonino es vicepresidenta del Senado de Italia y fue Comisionada Europea. Marco De Andreis es director de Investigación Económica de la agencia de aduana de Italia y fue funcionario de la UE.

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